Los picos nevados de la Cordillera Cantábrica nos dejan sin aliento mientras subimos por la carretera de la Ruta de la Plata, la N-630 que une Gijón con Sevilla. Recibe este nombre porque parte de su trazado discurre por la antigua Vía de la Plata romana que unía Astorga con Mérida. Llevamos más de tres horas de camino desde que salimos de Carballo y esas imponentes montañas nevadas nos indican que cada vez estamos más cerca de nuestro destino: el mítico puerto asturiano de Pajares.

Este invierno nos unimos a las miles de personas que acuden todos los años a la Cordillera Cantábrica para disfrutar del esquí y del snowboard. Después de hacer una amplia búsqueda, decidimos estrenarnos en la cordillera en la estación de Valgrande-Pajares básicamente por cuatro razones: su cercanía con Oviedo, las 32 pistas con las que cuenta (en especial para principiantes y esquiadores con un nivel intermedio), su facilidad de acceso y los precios, muy asequibles si los comparamos con las tarifas de los Pirineos Catalanes.

Hemos dejado Oviedo atrás y subimos por esta sinuosa carretera de montaña muy transitada, sobre todo por vehículos pesados, pero que es amplia y está en buen estado. El río Pajares baja desde las montañas y nos sorprende su fuerte caudal a su paso por Puente de los Fierros. Solo nos imaginamos hasta dónde crecerá cuando la nieve empiece a derretirse. De hecho, ya lo está haciendo, o al menos es lo que nos indica el agua que baja bifurcando las montañas durante todo el recorrido. “No debe de estar haciendo mucho frío arriba”, pensamos. Aunque eso no es lo que más nos preocupa, sino la niebla que nos impide ver algunos de los picos.

La estación asturiana Valgrande Pajares, con 63 años de historia, es la segunda más antigua de España

El cartel “Brañillin” nos indica que hemos llegado. Circulamos unos cuantos metros más y ante nuestros ojos se abre la estación: unos cuantos edificios a los pies de una imponente montaña blanca.

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Estación de esquí asturiana de Valgrande Pajares / LA PRENSA DE CARBALLO

Son muy pocos los coches en el aparcamiento que está a pie de pista, aunque no nos sorprende porque es día de semana. Aparcamos sin problemas frente a la cafetería Telesilla, algo que no será tan fácil unos días después, cuando mejore el tiempo y aumente el número de esquiadores. Cuando ese momento llega lo mejor es subir temprano a la montaña para evitar aparcar carretera abajo y tener que caminar más de lo deseable con las botas puestas y los esquís al hombro, o aparcar abajo, cerca del telesilla.

Por ahora, solo un esquiador y tres snowborder se atreven a esquiar. La niebla que nos impedía ver la cumbre mientras subíamos y el viento obligaron a cerrar la parte alta de la estación, así que solo funciona la parte baja, es decir: un telesquí, el de La Hoya, y dos pistas: La Umbría (verde y de 400 metros de longitud) y La Hoya (azul y con 300 metros de bajada), según nos informan en la oficina central.

La parte baja es la única zona de la que podremos disfrutar durante los dos primeros días, porque solo allí se puede practicar el esquí cuando las condiciones meteorológicas son adversas. En el primer día nuestra decisión de subir al puerto a pesar de las previsiones de mal tiempo nos regaló una tarde despejada para disfrutar de varias bajadas por La Umbría –una pista ancha, aunque con una respetable inclinación–, a pesar de lo incómodo que resultaba el telesquí por el importante desnivel que tiene que salvar.

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Pista verde La Umbría, en la estación de esquí Valgrande-Pajares / LA PRENSA DE CARBALLO

El clima del Norte

El segundo día la lluvia, la nieve, el viento y la niebla no abandonaron nunca la montaña. “Acabamos de estar arriba y la visibilidad es muy mala. Además, hace mucho viento y el telesilla se mueve demasiado. No es seguro”, nos comenta Javier Martínez Iglesias, director de la estación. No se presenta como tal cuando entra a las cálidas oficinas centrales, todo vestido de negro y goteando como si acabara de enfrentarse a un diluvio. Que es el director de Valgrande Pajares, lo sabremos después.

Entabla conversación con nosotros y nos comenta que, en la parte alta, en Cueto Negro (Cuitonegru, en asturiano), mantiene a dos trabajadores de la estación por si cambia el clima y permite abrir más pistas, aunque está convencido de que el tiempo no cambiará. Y no lo hace.

Son las condiciones que tienes que aceptar cuando decides practicar alguna actividad al aire libre, en alta montaña y, sobre todo, en el norte de España: el clima no siempre acompaña. “Para asumir este tipo de condiciones, tiene que gustarte mucho”, continúa Javier que se ha pasado toda su vida en la montaña, desde los siete años, cuando empezó a hacer esquí de fondo, precisamente en Pajares. “Yo soy de la casa, de toda la vida”, sonríe.

Pajares, al igual que el resto de las estaciones de la Cordillera Cantábrica, no abrió hasta bien entrado enero por falta de nieve, si bien el inicio oficial de la temporada fue el 1 de diciembre. “En diciembre solo nevó una vez, y se acumularon unos pocos metros de nieve. Hubo días que estuvimos a 25 grados”, asevera el director de la estación e indica que por eso la mayor parte de la nieve que cubre los 21 kilómetros de pistas es artificial.

Pese al mal tiempo, no nos amilanamos. Adquirimos nuevamente el forfait de media estación y nos despedimos de Javier con la promesa de una vuelta por la estación en moto de nieve (que cumplirá poco después) y con la recomendación de esperar una mejora del tiempo en el Telesilla, la cafetería de la zona baja, mientras bebemos un cortado: vino blanco con Red Bull.

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Esqui en la zona baja de Valgrande-Pajares / LA PRENSA DE CARBALLO

Las paredes de piedra y las largas mesas y bancos de madera del Telesilla ayudan a dar más calidez al lugar que funciona como refugio de esquiadores y snowborder de todas las edades que se guarecen de la lluvia y el viento gélido que azota sin piedad la cordillera. Mientras esperan, muchos toman un café o comen alguno de los bocatas fríos o calientes que se venden en el establecimiento a precios mucho más aceptables que los que hay en algunas estaciones catalanas. La mayoría de los bocatas tienen embutidos, pero los que no comen carne pueden optar por uno de calamares, tortilla o atún. Y para quien lo prefiera, hay menús, fabada o una taza de caldo, que nunca viene mal con ese clima.

Por las ventanas de madera vemos que la niebla se mantiene y la lluvia no amaina. Pero lo peor es el viento: fuerte y cortante. Propio del Norte. Quitarse los guantes es casi una tortura, pero tratamos de mantener el calor bajando La Umbría, con la novedad de esquiar por primera vez bajo la lluvia y, por momentos, bajo la nieve.

Los números, la historia y el futuro

La lluvia, la nieve y el viento pararon al día siguiente. Solo se mantenía la niebla, pero esta no impidió abrir Cueto Negro, a 1.862 metros de altitud. Por fin podríamos disfrutar de Pajares en todo su esplendor y también de la recomendada comida de Julita en la cafetería Cueto Negro, donde los esquiadores se alimentan con bocatas, patatas fritas o raciones.

Antes de subir, visitamos de nuevo a Javier que esta vez nos enseña la otra cara de la estación y algunas de sus curiosidades. En el cuarto de máquinas dormía uno de los pisa nieve, con el que cada día realizan el mantenimiento de la estación. “Esto puede subir una pared con la potencia que tiene”, dice. Tiene 500 caballos. En propiedad tienen dos pisa nieve y otros dos en alquiler.

De hecho, una de las nuevas máquinas alquiladas acaba de llegar y los trabajadores la están probando. Como niños con juguete nuevo, hacen vibrar las palas y las ruedas que rugen como dragones. Nosotros la apodamos el “transformer”.

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Los trabajadores de la estación Valgrande-Pajares probando una nueva pisa nieve / LA PRENSA DE CARBALLO

Cada pisa nieve que tienen en propiedad cuesta 500.000 euros. Ese dato y la deformación profesional del periodista nos lleva inevitablemente a preguntar sobre los números de la estación.

–La estación es de gestión pública, ¿cierto? –preguntamos.

–Sí. En realidad, de todas las estaciones de esquí que hay en España solo dos son privadas –comenta Javier.

–¿Y es rentable?

–Ninguna estación de esquí en España es rentable. Pero solo por la riqueza que generamos en la comarca compensa seguir funcionando.

Se calcula que el funcionamiento de la estación Valgrande-Pajares, que es la segunda más antigua de España con 63 años de historia, genera en la comarca de Caudal unos siete millones de euros al año. Los gastos anuales de la estación rondan los dos millones de euros y cuenta con 55 trabajadores que se encargan de que todo esté a punto todo el año, pero en especial en invierno, cuando reciben una media de 80.000 visitantes por temporada. En un año llegaron a recibir hasta 130.000 personas, no solo de España y Portugal, también de Francia y Reino Unido.

Pero no solo hablamos de números. Javier recuerda que la estación recibe el nombre de Valgrande por Jesús Suárez, mejor conocido como “Chus Valgrande”. Su padre, José María Suárez, fue el primero en fomentar la práctica del esquí en la Cordillera Cantábrica, y fue fundador del primer Hotel Valgrande, donde posteriormente se construiría el Parador. Chus, que fue Campeón de España y el segundo asturiano en participar en unos Juegos Olímpicos –los de invierno, en Garmisch-Parterkichen (Alemania) en 1936–, dirigió la estación hasta 1987. “Yo llegué a conocerlo cuando era un niño, pero ya era muy mayor”, recuerda Javier.

Comenta que, con sus 63 años, poco a poco Pajares se ha adaptado a los nuevos tiempos, si bien recibe algunas críticas por la antigüedad de sus remontes. Si primero fue el esquí de fondo y luego el alpino, después llegó el Snowboard y en el futuro se dará espacio para nuevas disciplinas, como el “Skibike”. “Tiene que haber espacio para todos”, defiende.

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Javier Martínez Iglesias, director de la estación de esquí Valgrande-Pajares / LA PRENSA DE CARBALLO

Y entre esos todos, muchos son niños. Año tras año Pajares recibe a miles de niños asturianos durante la Semana Blanca. Mientras hablamos, algunos están recibiendo su primera clase de esquí de los instructores de la escuela de la estación o recibiendo sus equipos en la zona de alquiler. Entonces volvemos a hablar del clima en alta montaña y de la importancia de que la primera vez que vayas a ella te lleves una buena impresión.

“Cuando vienen los niños es cuando más espero que haya buen tiempo. Para que la experiencia les enganche. Así tendrás asegurados esquiadores para toda la vida. Ellos son los esquiadores del fututo”, dice mientras los mira bajar la ladera.

Javier también nos explica las particularidades de los nombres de las pistas. “Somos un poco especiales para los nombres”. Ya habíamos leído en el mapa de pistas que dos de las rojas recibían en nombre “Muro” y “El Muro” y se lo comentamos. Divertido, indica que la diferencia está en la pronunciación. “No es El Muro, es EL Muro –y enfatiza el “EL”, dándole contundencia, para indicar la complejidad de la montaña–. “A veces haría falta que los mapas tuvieran sonidos”, se ríe.

En lo alto de la cordillera

Tras unos minutos más de charla nos despedimos. Nos calzamos las botas y los esquís y tomamos el telesilla Brañillín para subir hasta Cueto Negro. Ascendemos por la montaña en doce minutos disfrutando de la vista de la nieve, los árboles y el arroyo que serpentea por las pendientes y que, por veces, se esconde debajo del helado manto blanco.

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Telesilla Brañillin subiendo a Cueto Negro en Valgrande-Pajares / LA PRENSA DE CARBALLO

A 1.862 metros de altura, además de las vistas, los esquiadores y snowborder pueden disfrutar plenamente de los 21,5 kilómetros de pistas que ofrece Pajares. Para los principiantes todo es más fácil que en la zona baja. Las pistas verdes Baby, el Ventisquero y Cueto Negro, de entre 300 y 500 metros de bajada y bastante anchas, permiten coger confianza en la montaña, y disponen de un telesilla para salvar esos 50 metros hasta la cima sin colas los días de semana.

Desde Cueto Negro también se puede acceder al Valle del Sol –con una larga pista azul de más de tres kilómetros no muy angosta y por ello fácil de bajar, y que desemboca en La Umbría–, a una pista negra (Las Cuandías) y a varias rojas. Desde la cima también se accede a la zona de Tubo, que cuenta con varias pistas rojas, negras y azules y que se utiliza para realizar competiciones.

En general todas las pistas están bien señalizadas indicando con señales y colores su complejidad para que no haya confusiones, aunque siempre queda de parte del esquiador estar atento para no hacer una bajada que esté por encima de su nivel.

Cuando se despeja la niebla podemos ver la cordillera en todo su esplendor. Hay algunas nubes en el horizonte y no hay viento, así que el frío no es excesivo. Con buen clima y disfrutando de las bajadas el tiempo pasa volando. En el telesilla de Hoya de Cueto Negro nos indican que son las 16.15 y que, si no vamos a bajar esquiando, debemos tomar el telesilla de Brañillin pronto, porque los remontes paran a las 16.30.

–¿Qué tal hoy? ¿Volveréis mañana? –pregunta la responsable del telesilla que nos advirtió sobre la hora mientras esperamos a subir.

–No –respondemos–. Ya hoy volvemos a casa.

–Pues que tengáis un buen viaje y que volváis pronto –se despide, con la misma amabilidad que nos demostró Javier y que se repite en cada uno de los trabajadores de la estación con los que nos cruzamos, una cualidad cada vez más difícil de encontrar y que, tal vez, por eso, apreciamos tanto.

Mientras que los que tienen más nivel bajan surcando la montaña, los que estamos dando nuestros primeros pasos nos dirigimos hacia el telesilla Brañillin y nos despedimos de la montaña, esta vez disfrutando de una lenta bajada y con el ánimo de volver a Pajares otra vez durante la temporada.

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Vista aérea de la estación Valgrande-Pajares / LA PRENSA CARBALLO

GUÍA PRÁCTICA

Valgrande Pajares cuenta con 21,5 kilómetros esquiables, que se dividen en 32 pistas: Siete verdes, nueve azules, doce rojas y cuatro negras y una pista de fondo de siete kilómetros. En la actualidad se está creando una nueva pista, cuyo nombre será elegido por los propios usuarios a través de Facebook.

Para acceder a las pistas, la estación tiene cuatro telesquíes y otros cuatro telesillas, en las zonas baja, media y alta.

Los precios del Forfait son accesibles comparados con los de las estaciones del pirineo catalán. Por un día completo en temporada baja (de lunes a viernes) se pagan 20 euros, aunque los fines de semana y los festivos es más caro. La estación ofrece diferentes posibilidades de forfait y abonos que se pueden consultar en su página web. Estos pueden adquirirse en la taquilla que está frente al aparcamiento principal o en la oficina de información. Si una vez adquirido decides no devolver la tarjeta para recuperar los dos euros de fianza, puedes hacer la recarga a través de internet. Además, la estación cuenta con escuela de esquí y alquiler de material.

En cuanto al hospedaje, a pie de pista existen dos opciones: el Albergue Toribión de Llanos y el alojamiento Telesilla. También existe una amplia oferta de establecimientos de turismo rural en las localidades cercanas a la estación como Pajares, Lena, Cubilla de Arbás, Villamanín o Pola de Gordón. Otra opción viable de hospedaje es Oviedo, que está a 45 minutos. Ésta última fue la que escogimos por la amplia oferta de hoteles y precios competitivos que ofrece la capital asturiana, y por la posibilidad de disfrutar de su gastronomía y de su sidra después de un largo día de esquí.

Los accesos siempre están limpios. Desde Oviedo se llega tomando la A-66 y después la N-630. Es difícil perderse porque los avisos que indican el camino a la estación están a lo largo del trayecto.

Todos los días sobre las cinco de la tarde, los responsables de la estación publican en la página web y en las redes sociales las previsiones meteorológicas para el día siguiente. Durante la jornada informan en su perfil de Facebook del clima, las pistas y los telesillas abiertos.