Que por los cielos de esta esquina de Europa llamada la Costa da Morte volaran vehículos aéreos no tripulados parecía hasta hace poco cuentos de ciencia ficción o, para los más optimistas, una cosa del futuro. Pero lo cierto es que el futuro ya está aquí y llegó de la mano del laxense Miguel Ángel Carracedo, fundador y propietario de Vendaval, la primera empresa de drones de la Costa da Morte.

A sus 50 años y con toda una vida dedicada a trabajar en servicios funerarios, Miguel decidió iniciar una nueva andadura tras quedarse en paro. Como él mismo confiesa desde su despacho en el vivero de empresas de Carballo –donde decidió instalarse hace menos de un mes por las facilidades que ofrece la Cámara de Comercio a los nuevos emprendedores–, nunca tuvo un especial interés por la tecnología (“non foi unha cousa que me chamase a atención”) pero “non sabía que facer coa liquidación da empresa e un día ceando vino e dixen: aquí póñome”.

Vendaval es la primera empresa que desde  Carballo ofrece servicios audiovisuales con dron, vehículos aéreos no tripulados

Entonces empezó a formarse. Sacó la titulación de operador en el aeródromo de las Rozas de Lugo en lo que invirtió más de mil euros y se convirtió en piloto de drones. Adquirió sus propios equipos (dos, por ahora: uno de seis hélices y uno de cuatro en los que invirtió casi tres mil euros) y abrió Vendaval para “traballar para min e ser o meu propio xefe” realizando trabajos audiovisuales.

Negocio en alza

Este piloto pionero en la Costa da Morte en ofrecer el servicio profesional de drones asegura que sus intenciones preocuparon en un principio a su familia, pero dice que éstas se disiparon en cuanto empezó a trabajar y vieron que no era un capricho.

A pesar de ser un campo poco conocido en la comarca, lo cierto es que el negocio de los drones está en alza en Galicia y en toda España. Tanto es así que la Agencia Estatal de Seguridad Aérea (AESA), dependiente del Ministerio de Fomento, ha registrado más de mil operadores de drones de menos de 25 kilos al despegue en el primer año y medio desde la entrada en vigor de la normativa que regula el uso de este tipo de aeronaves tripuladas por control remoto.

Hasta la Xunta ha reconocido las posibilidades del sector planteando ya el pasado año crear un polo tecnológico industrial alrededor de los sistemas aéreos no tripulados para lo que se invertirán unos 55 millones de euros hasta 2020.

Y no es para menos porque la aplicación civil –cabe recordar que su origen es militar– de los drones son muy variadas: “podes facer o que queiras dentro da lei”, explica el laxense. De momento, la ley permite utilizar los drones para trabajos publicitaros, levantamientos de topografía y telemetría, videos y fotos, vigilancia de montes o búsqueda y rastreo, algo que ya ha implementado la Axencia Galega de Seguridade.

También es un servicio que comienza a ser demandado. Por ejemplo, en el poco tiempo que tiene Vendaval funcionado ha realizado trabajos fotográficos para la comunidad de propietarios del polígono industrial de Bértoa con tomas aéreas de todo el parque y sus alrededores –algunas de ellas resultan espectaculares–, y particulares han mostrado interés en tener imágenes aéreas de sus viviendas. Hasta una librería en Laxe ha pedido fotografías originales para realizar postales. Por eso Miguel no duda en manifestar que sus expectativas “son boas”.

La popularidad de los drones –sobre todo entre los más jóvenes habituados a los mandos de las videoconsolas a los que les resulta muy fácil pilotarlos porque “é como o mando da PlayStation”– se evidencia en la numerosa oferta que hay en tiendas de electrodomésticos, tecnología e informática que los utilizan como productos reclamo.

De hecho, considera el piloto que actualmente en España sucede con los drones lo mismo que con las armas en los Estados Unidos: nada te impide tenerlos. Solo tienes que ir a una tienda y comprarlos. Sin embargo, Miguel Carracedo destaca que, aunque pudiera parecerlo, los drones no son un juguete y se debe hacer un uso responsable de ellos.

Limitaciones

En este sentido, cabe señalar que a pesar de la proliferación de estos vehículos aéreos no tripulados –más para el ocio que para el uso profesional– su uso tiene bastantes limitaciones, tal y como explica Miguel.

La primera de ellas es que el dron solo puede volar en un área restringida: 120 metros de altura y 500 metros en horizontal “porque sempre tes que telo localizado”. No puede volar, por ahora, en zonas urbanas, a menos de 12 kilómetros de aeródromos, helipuertos o donde haya aglomeración de personas, ni en otras zonas con espacio aéreo restringido. Además, está prohibido utilizarlo de noche, con condiciones meteorológicas adversas o con poca visibilidad.

A mayores, señala que cada piloto debe tener un seguro de responsabilidad civil, pasar un reconocimiento médico realizado por un médico de aviación civil –en el que se realiza a mayores una prueba de drogas– y llenar en cada vuelo que se realice una ficha de AESA con los datos del piloto, el equipo, el personal de apoyo, las coordenadas del sitio del vuelo, qué tipo de operación se realiza, una breve descripción del trabajo y fotos. Incumplir cualquiera de estas normas acarrea sanciones que pueden llegar a los 225.000 euros. “Cáeche o pelo”, apunta.

Carracedo se posiciona a favor de todos estos controles, si bien apuesta por la cierta flexibilización que hay en la ley pendiente de aprobar, en la que, en teoría, estará permitido volar sobre el casco urbano. “Ten que estar controlado porque senón cada un pode facer o que lle dea a gana”, explica, aunque matiza que si una persona sin titulación hace un uso responsable del dron y sabe lo que tiene en las manos “tampouco vou eu a dicirlle nada”.

Lo que está claro, y Miguel lo sabe, es que los drones serán la tecnología del futuro y que no pasará mucho tiempo para que su utilización sea lo habitual.

Pero por el momento Miguel Carracedo disfrutará de la posición de ser el primero en la comarca en arriesgarse en dar profesionalmente un paso al frente y, conectado a satélites europeos, americanos, chinos y rusos, recorrer la Costa da Morte a vuelo de dron.