Más voluntarios y alimento. Esas dos cosas precisa la protectora de Carballo para garantizar su continuidad. Y es que con más de 200 perros acogidos, la asociación ubicada en As Airas de Bértoa vive una situación límite y sin la colaboración necesaria su responsable, Araceli Vila, asegura que “esto no hay forma de sostenerlo”.

Desde hace casi diez años Vila dedica a la protectora prácticamente todo su tiempo y solo cuenta con la ayuda de dos voluntarias que acuden a la perrera dos tardes a la semana. Una ayuda inestimable pero, a todas vistas, insuficiente, porque según asegura la carballesa, para dar abasto tendría que haber dos personas trabajando a jornada completa, pero es imposible contratar a alguien, entonces todo trabajo debe ser voluntario y “por amor al arte no trabaja nadie”, en sus propias palabras.

Además, el elevado número de perros que tienen en As Airas su hogar temporal necesitan de importantes cantidades de alimento. El año pasado por estas mismas fechas, las voluntarias organizaron una campaña especial de donación en la que recogieron unos cuatro mil kilos de pienso que sirvieron para alimentar a los canes por unos pocos meses, pero la comida es necesaria todo el año, no solo por Navidad, así que cualquier aportación de pienso es siempre bien recibida, además de necesaria.

Desde hace un tiempo la protectora solo acoge a perros en estado grave

Vila también indica que las donaciones de dinero han bajado desde que empezó la crisis, así que también es preciso recibir más dinero que ayude a pagar a los veterinarios, los alimentos, el arreglo de los caniles, y muchas otras cosas.

No obstante, “yo me conformo con los voluntarios y la comida”, declara Vila e insiste: “Necesitamos gente que nos eche una mano, no todo es compartir cosas por internet, que está muy bien, pero no es todo”.

“O esto cambia –en referencia a la situación actual de la protectora– o no sabemos que vamos a hacer”, indica, reconociendo que, incluso, han valorado cerrar la protectora aunque “de momento seguiremos”.

Lo cierto es que todo tendría una solución más sencilla: “Que la gente fuera más responsable y no abandonara a tantos perros”, concluye.

Saturación

Desde algún tiempo las instalaciones de As Airas están saturadas. De hecho, la protectora solo acoge ahora casos muy extremos de perros heridos o enfermos, derivando al resto a otras protectoras, a casas de acogida o a la perrera municipal.

Ni siquiera se recogen cachorros, en vista de que son los que más fácil tienen conseguir un hogar y que, si van a la perrera, no correrán peligro de que los sacrifiquen.
Así, muchos de los perros que aún esperan un hogar en la protectora son mayores, canes de avanzada edad que son abandonados por sus familias en un evidente acto de crueldad.

“Después de toda una vida de fidelidad y compañía, los perros mayores merecen una jubilación justa, y para ellos una jubilación justa no es más que un sitio calentito y comida”, defiende Vila y no que sean abandonados porque vean sus capacidades físicas mermadas.

Amigos de los Perros también mantiene durante todo el año su campaña de adopción y participa en diferentes jornadas, como la de Jardilán que tuvo lugar en octubre en A Coruña, en la que siete perros de la protectora consiguieron hogar.