Carballo podría ser el vigésimo municipio que forme parte de la Reserva da Biosfera Mariñas Coruñesas e Terras do Mandeo. Representantes de la reserva –entre ellos los alcaldes de Abegondo y de Paderne, José Antonio Santiso Miramonte y César Longo, que presiden la entidad– acudieron ayer al municipio para mantener una reunión con el regidor carballés Evencio Ferrero, y los concejales Milagros Lantes y Lois Lamas, que tuvo como objetivo presentar este espacio natural reconocido por la Unesco dentro de su Programa sobre el Hombre y la Biosfera (MAP), sus lineas de trabajo y expresar la importancia que supone la incorporación del municipio carballés a la misma.

Y es que si bien 17 municipios ya forman parte –están en proceso de incorporación A Laracha, Cerceda, Vilasantar y Mesía– solo menos del diez por ciento de las 116.724 hectáreas de superficie de la reserva tiene alto valor medioambiental.

Representantes de la Rerserva da Biosfera visitaron ayer el municipio para reunirse con el gobierno municipal

Por ello, la incorporación de parajes como Baldaio sería todo un espaldarazo para el área aumentando así la gran diversidad biológica a la que da cobijo, en vista de que Carballo goza de “unhas condicións naturais extraordinarias”, según expresó Carlos Vales, director del CEIDA, que también estuvo presente en la reunión.

El encuentro de ayer –propuesto por la propia Reserva da Biosfera– fue la primera toma de contacto y por ahora el gobierno municipal solo ha solicitado que se envíe toda la documentación necesaria que será estudiada por los técnicos y por el ejecutivo antes de tomar una decisión.

“Tendremos que mirar los pro y los contra, si es que hay alguna contra, de nuestra adhesión a la Reserva” comentó el regidor carballés tras la reunión que se celebró en el Concello.
Según lo que se explicó en la reunión de ayer, en principio la incorporación de Carballo a la Rerserva da Biosfera Mariñas Coruñesas no supondrá ninguna afectación en áreas protegidas como Baldaio ya que no se establecen nuevas formas de protección, sino que se respetan los usos existentes y se divide el territorio en función de los mismos.

Esto quiere decir que la reserva más que una figura de protección medioambiental, lo que busca es un modelo de aprovechamiento del territorio adaptado a las singularidades de cada uno, contando para ello con la participación de sus habitantes, según explicó Pablo Ramil, uno de los miembros del consejo científico del Programa MAB español.

Y es precisamente esto lo que pretende este programa de la Unesco desde 1970: establecer bases científicas para cimentar a largo plazo la mejora de las relaciones entre las personas y el ambiente.

En este sentido, entre las líneas de trabajo actuales en la reserva están la revitalización del sector agroalimentario recuperando productos locales para ser comercializados con la marca Reserva da Biosfera, generando así valor añadido a productos de la zona y puestos de trabajo en el rural.