La Fase 1 comenzó ayer en Galicia y con ella volvió a Carballo una imagen que muchos extrañaban: la de los comercios abiertos, aunque por el coronavirus las cosas, por ahora, no serán iguales que hasta hace dos meses. 

La vuelta a la actividad estuvo marcada por las medidas de prevención en los comercios. Geles desinfectantes en las entradas, pantallas protectoras, mascarillas y guantes usados por clientes y comerciantes, aforo limitado y limpieza, mucha limpieza. Pero a pesar de esta “nueva normalidad”, el comercio se mostró satisfecho en general por la apertura y por la respuesta de los vecinos. 

En Zocas, por ejemplo, había colas de clientes -guardando la distancia de seguridad- en las afueras del establecimiento ubicado en la calle Hórreo esperando a ser atendidos. “Empezamos fuerte”, comentaba satisfecho Germán Riveiro, responsable del comercio, quien explicó que lo que más se vendió ayer fue el calzado infantil. “Fueron sobre todo niños que crecieron en estos dos meses y nos comentan las madres que las zapatillas ya no les sirven”, pero también vendió zapatillas para adultos. 

Como en el resto de los establecimientos comerciales carballeses, las medidas de limpieza y seguridad en Zocas son exhaustivas. “Llevamos todo el día pantallas protectoras y si tenemos que probarle calzado a un niño, nos ponemos mascarilla a mayores para reforzar la seguridad”. Además, proveen a los clientes de calzas de plástico para probar el calzado y desinfectan con geles y vapor los productos en exposición. La TPV también se desinfecta tras todos los pagos, al igual que el dinero. Los bancos y el mostrador también son constantemente desinfectados y el local se limpia tres veces al día. A todas estas medidas se suma el comportamiento de los vecinos: “La gente está siendo bastante responsable”, afirma Riveiro. 

En Miriñaque, de la calle Valle Inclán, abrieron ayer por primera vez sus puertas desde el que comenzó el estado de alarma. Su responsable, Sonia Mañana, indicó que en vez de abrir la semana pasada con cita previa, aprovechó esos días para poner al día la tienda. “Llevo quince días preparándolo todo: desinfectando, planchando y guardando la ropa en el almacén. Quité las alfombras, todo lo que se debe hacer por el bien de todos”, aseguró mientras se mostraba expectante ante la respuesta de los clientes a esta nueva normalidad. En Miriñaque piden a los clientes que usen mascarillas para acudir al comercio, usar gel hidroalcohólico antes de entrar, que no haya más de tres personas en la tienda al mismo tiempo y que mantengan las distancias de seguridad. Asimismo, todas las prendas están desinfectadas y solo se ha dejado una pieza de muestra en exposición y el resto permanecerán embolsadas en el almacén. Cada probador se desinfecta tras su uso. 

Otro de los comercios que abrió ayer las puertas de su nuevo local en la calle Ponte fue Atelier. Durante la mañana recibieron visitas de los vecinos para desearles suerte en este nuevo local y también acudieron personas a recoger sus pedidos realizados a través de las redes sociales en los últimos días. En la tarde recibieron a los clientes con cita previa porque “hay gente a la que le da más confianza”, apunta Vanesa Cabezas, una de las socias de la tienda. La desinfección de las prendas la realizan con vapor porque “es lo más eficaz” y tras cada uso desinfectan los probadores. “Hoy da gusto pasear y ver que los comercios están abiertos”, reflexiona Cabezas. 

Esta “nueva normalidad” en el comercio carballés también incluye una homogeneización del horario de atención al público. Al menos medio centenar de comercios se sumaron a la campaña del CCA para abrir de lunes a sábado de 10.30 a 13.30 y de 17 a 20 horas, para tratar de aprovechar al máximo posible la desescalada, a pesar de todas las restricciones. 

En Carballo no se repitieron las imágenes de terrazas que hubo en otras zonas de Galicia. Los hosteleros carballeses mantuvieron lo dicho y no abrieron sus locales para atender solo el 50% de la terraza porque, básicamente, no les compensa. Así, las calles Coruña, Hórreo o Colón aún tardarán en recuperar parte de su normalidad. 

Otros establecimientos hosteleros fuera del casco urbano de Carballo sí se animaron a abrir sus terrazas, como el Bar Os Delfíns de Pedra do Sal o O Noso, de la calle Rosalía de Castro de A Laracha, en donde Pili Calvete habilitó ocho de la veinte mesas de su terraza para recibir a sus clientes. En el también larachés O Lar de Pacheco transformaron su patio interior en una terraza al aire libre con varias mesas.