¡Qué maravilla ir al teatro y pasártelo en grande! Que acabe el espectáculo y aplaudir de pie de lo mucho que te ha gustado. Me ha pasado pocas veces. En el FIOT solo dos: con aquel maravilloso “El Nacional” de Els Joglars y este domingo con Ron Lalá y su “Cervantina”.

De la mano de la Compañía Nacional de Teatro Clásico y tras del éxito de “En un lugar del Quijote”, la compañía madrileña vuelve a atreverse con Cervantes, esta vez representando algunas de las “Novelas Ejemplares” y fragmentos de otras piezas cervantinas, dándoles el toque “ronlalero” que tanto gusta en Carballo: humor, crítica, música en directo, cierto grado de improvisación y la siempre apreciada interacción con el público, para formar un espectáculo redondo que te saca a cada segundo una sonrisa. Al abrir el telón, sobre el escenario, estaban cinco de los personajes que poco después pasarían por los ojos de los espectadores a contar sus historias.

Todo funcionó en perfecta armonía en esta Cervantina que mezcló pasado y presente, y que acabó advirtiendo: “No hay vacuna ni aspirina, que cure la Cervantina”

No podía faltar la musa, que llegó a don Miguel exigiéndole grandes sacrificios para lograr ser el mayor autor de las letras españolas. A cada petición Miguel cedió –su brazo, su libertad, su éxito teatral–, y de su pluma salieron el Quijote y las historias que componen sus “Novelas Ejemplares”, para después morir, pobre y olvidado, y con su musa enseñando lo que sería en
el futuro: una lectura obligatoria que nadie comprende.

Después fueron pasando por el escenario del Pazo da Cultura “El celoso extremeño” y el entremés “El viejo celoso”, “La gitanilla”, “Rinconete y Cortadillo” o el “El hospital de los podridos”, piezas enhebradas con otras más breves, ya al final, como “El coloquio de los perros”, “Don Quijote de la Mancha”, “El licenciado Vidriera”, “El retablo de las maravillas”, “La Galatea” o el “Viaje del Parnaso”, demostrando que Cervantes ya estaba adelantado a su tiempo y que en esta España hay cosas que nunca cambian. Poco a poco sobre el escenario quedaban colgando los personajes cervantinos tan bien interpretados por Íñigo Echevarría, Daniel Rovalher, Juan Cañas, Miguel Magdalena y Álvaro Tato; todos ellos magistrales. Arte puro.

Todo funcionó en perfecta armonía en esta “Cervantina” que mezcló pasado y presente, y que acabó advirtiendo: “No hay vacuna ni aspirina, que cure la Cervantina”, frente a un público entregado y de pie. Ante semejante advertencia solo podemos esperar que esta Cervantina no se cure nunca y que Ron Lalá regrese siempre al Outono de Teatro.